martes, 21 de agosto de 2012

Decir Adios


Ha pasado mucho tiempo  y muchas cosas hemos vivido, muchas personas hemos conocido y muchas otras nos han querido,  días que hemos reído y más aun llorado y sin embargo, aquí estamos, de nuevo  jugando a la ruleta rusa con éste revolver sexual que terminará volándonos los sesos como lo ha hecho ya con nuestros  corazones. 

Te observo dormir desde el otro lado de la habitación, tu silueta perfecta adormece mis pensamientos, la paz de tu sueño,  invita a abrazarte y besarte la espalada,  esa espalda suave, magnifica  y radiante, y mientras enciendo un cigarrillo, mis pensamientos vuelan donde mi corazón no puede llegar.
Han sido un par de días espectaculares, hemos vivido una increíble fantasía,  hemos escapado de ésta  realidad gris que nos rodea, olvidándonos de nuestros miedos, silenciando lo que debemos decir y haciendo lo que nos debemos prohibir,  no puedo evitar mirarte y sonreír como un loco, analizar los mejores momentos, revivir tu mirada al cielo y recordar tu explosión de sensaciones …. Y sin embargo……

Desde hace tiempo ya que estoy enamorado, enamorado perdidamente.
Todo ocurrió tan rápido que no me di cuenta en qué momento caí bajo el embrujo de sus labios, de su mirada, de sus sonrisa, de su aroma, de su esencia.

La conocí una noche de verano, en las fiestas del barrio, la primera vez que la vi me trató con una interesante indiferencia y con una deliciosa altanería. Una chica de mundo, conocedora del misterioso arte de los pensamientos.

Pero no fue sino hasta mucho tiempo después, que descubrimos  que existía complicidad en nuestras miradas,  ingenuidad en nuestras sonrisas y  estupidez en nuestras carcajadas.  
Empezó un fin de semana, desde que el sol asomó sus bellos rizos rubios, fuimos víctimas de la insoportable tentación,  pero fue hasta que el astro rey decidió desaparecer  que decidimos saborearnos, entre palabras nunca pronunciadas y  pensamientos nunca aceptados, disfrutamos de nuestro primer beso, que  fue una fugaz sensación de satisfacción de un deseo esperado por  varios días.

Fue sólo cuestión de tiempo…. Para darme cuenta que me estaba volviendo adicto a su  manera de mirar, de besar, de reír, de bailar, a las constantes búsquedas a la mitad de la noche para exigir un abrazo nocturno o simplemente para llenarme la espalda de pequeños  e inconscientes besos, adicto a su altanería, a su rebeldía, a su increíble inteligencia.

Las noches se convirtieron en nuestros mejores momentos,  la forma en desaparecer entre las sabanas y convertirnos en una explosión de luces, de sudor y  de pasión.

Bastó tan sólo un golpe para hacer pedazos la muralla que había construido por tantos años, y entonces me di cuenta que mis pensamientos ya no eran míos que mi latidos tenían un destino y una dirección.

Y entonces decidí alejarme del mundo y construir mi propio reino el cual irónicamente  yo no gobernaba.

Fue así …. Que ella se apoderó totalmente de mí, de mi presente y de mi futuro y por primera vez sonreía de manera diferente, de una manera que nunca había sonreído y que sarcásticamente me daba la tranquilidad que la tranquilidad de la soledad nunca me dio.
Y es por eso que ahora te miro, dormida del lado derecho de mi cama, tu sueño es tranquilo y apacible, y un sentimiento de pena inunda mi cuerpo. Cuando leas éstas palabras yo habré desaparecido, la soledad que tanto miedo te da será tu nueva compañía porque no puedo olvidar a aquella belleza de rebeldía intelectual.

Tendrás la curiosidad de saber quién es tal desgraciada que me aleja de tu lado, no te das cuenta que esa mujer dueña de mis pensamientos eres tú, tú has sido la única en mi mente y en mi corazón, tantas aventuras viví y pero nunca tan intensa y tan bella como la que viví contigo, y ahora, estamos aquí, desnudos en mi habitación, desgraciando todo lo que alguna vez fue sagrado, es por eso que me voy….. Porque la mujer de mis pensamientos ya no existe. Y lo que queda no es más que una sombra….una copia mediocre de aquella estrella que iluminó mi camino durante el tiempo más feliz de mi vida.

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