sábado, 21 de septiembre de 2013

La Luna y la Estrella

Existe una historia que a Don Artemio le gusta en particular.

Artemio, un hombre de pocas palabras pero pensamientos abundantes que, a pesar de sus escasas palabras no así son sus historias.

Según lo cuenta, ésta es la historia de cómo confundió una estrella con la luna:
Por aquellos tiempos, la realidad se confundía con la fantasía, eran tiempos de colores, aromas y sabores abundantes,  una época en donde no se medían las consecuencias y la vida se miraba siempre pa´lante. 

La historia comienza en una noche de invierno, no tan fría como debiera ser, aquella noche fue de nuevas aventuras y nuevos alrededores, contradictoriamente a los viejos pensamientos, a las viejas costumbres y a las viejas formas de observar de Artemio.

Todo empieza en un jardín no muy grande, pero con muchos tipos de flores y animales que saltaban de un lado a otro; una cometa alegre y nerviosa daba vueltas por todo el lugar, iba y venía, subía y bajaba, gritaba, ordenaba, organizaba. La luna, alegre como un payaso, reía y volaba por todos lados, celebrando noche más de  luna llena alumbrando el jardín; las flores cedían de su néctar para el bienestar mental de quienes estaban aquella noche, así, las ardillas, los conejos, los pavorreales y la grullas reían y se movían al ritmo de los sonidos nocturnos, Artemio, que por aquellas épocas vestía de gorila, gustaba observar aquel baile de circunstancias y casualidades, observaba,  mientras bebía del néctar de las flores y le gustaba como la noche deslumbraba con su obscuridad y la forma en que la luna opacaba ese deslumbramiento con su brillantez nocturna. Gustaba también el efecto del néctar de las flores en su cabeza y para sus ojos miopes y astigmáticos, la noche no fue diferente a cualquier otra noche de cualquier otro invierno de cualquier otra época, las luces nocturnas, los tímidos hilillos de humo, el amargo pero refrescante sabor de las flores, los sonidos nocturnos quedaron grabados en una página más en el libro mental de Artemio que pronto archivaría y no sería sino hasta tiempo después que ésta página psicodélica le daría qué pensar.

Las noches invernales continuaron y eran cada vez más frías, la luna pareciera desaparecer, el ciclo de luna nueva se alargaba indefinidamente, pero como todo en esta vida, nada es para siempre y el frio poco a poco iba dando lugar al tortuoso calor veraniego, las noches invernales se quedaron en los recuerdos y el calor lúdico del verano se hacía presente y así los días se llenaban de color al igual que los pensamientos y emociones de Artemio.

No fue sino hasta una noche veraniega que Artemio volvió a encontrarse con la brillante luna que creyó olvidar del invierno, aquel invierno que no hace tanto tiempo congelaba el corazón de Artemio y que contradictoriamente pareciera que estaba tan lejos.

Artemio, siempre tan sereno e inexpresivo, estaba sentado en un planeta pequeño,cuando vio acercarse aquella luna del invierno, lentamente pero con movimientos alegres, con una tranquilidad tan contagiosa que Artemio la sintió enseguida,  se sentó en el mismo planeta en el que Artemio descansaba y comenzó entonces la conversación de luces y sombras, fascinado con éste astro celestial, escuchaba atentamente cada palabra y observaba detenidamente cada destello de luz y entonces fue cuando Artemio se dio cuenta de su grave error, atontado por la luz de éste hermoso astro, se dio cuenta lo tremendamente atraído que se sentía a ella, atraído por esa belleza deslumbrante, y entonces se dio cuenta de la calidez que irradiaba,  que la luz no era reflejada como suele ser la luz que emanan las lunas, y comenzó entonces a ver con el corazón,  y fue que se dio cuenta que aquella luna brillante y hermosa no era una luna, se dio cuenta lo fácil que es confundirse, se dio cuenta que mirar con la cabeza y mirar con el corazón no era lo mismo, se dio cuenta que de lejos aquella supuesta luna hipnotizaba como todas las lunas cuando las miras detenidamente, se dio cuenta que al acercarse esa hipnosis desaparecía y una sensación de calor llenaba su ser, que el calor irradiado era como el de una estrella, se dio cuenta también que una estrella es mucho más hermosa que una luna, y confirmó su confusión cuando al morder a la supuesta luna los sabores eran diversos pero nunca  a queso.

Así fue como Artemio confundió aquella vez a la luna con una estrella, y como esa estrella a partir de aquella noche de invierno sería parte de la vida de Artemio, ahora cuando miraba al cielo y viera brillar aquella estrella sonreiría por qué no todos los días puedes alcanzar una estrella, no todos los días puedes mirarla directamente sin quedarte ciego, y no todos los días puedes abrazarla, y sobretodo y más importante no todos los días puedes hacer que una estrella brille de manera particular en tu vida.

Es así que siempre que Artemio cuenta esta historia mira al cielo y sonríe.